{"id":552,"date":"2017-01-30T14:16:00","date_gmt":"2017-01-30T14:16:00","guid":{"rendered":"https:\/\/incidencepalma.com\/?p=552"},"modified":"2024-04-30T14:19:10","modified_gmt":"2024-04-30T14:19:10","slug":"sangre-en-la-cubierta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/incidencepalma.com\/en\/sangre-en-la-cubierta\/","title":{"rendered":"Sangre en la cubierta"},"content":{"rendered":"<p><em>Un \u00abthriller n\u00e1utico\u00bb tras el que el autor prometi\u00f3 no hacer m\u00e1s regatas con tripulantes desconocidos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pasan los siglos y en la navegaci\u00f3n a vela hay cosas que siguen inamovibles, por ejemplo, que<strong>&nbsp;barlovento estar\u00e1 siempre hacia donde tenemos que ir<\/strong>. Sin embargo, saber qui\u00e9n es qui\u00e9n a bordo ya es otro cantar. Al igual que los maridos enga\u00f1ados son los \u00faltimos en saberlo, una regata nocturna me tuvo en estos trabajos y promet\u00ed, sin \u00e9xito, no correr m\u00e1s con tripulantes desconocidos.<br>En esta ocasi\u00f3n, el desaf\u00edo era una regata virando varios pedruscos ignotos en plena oscuridad, 24 horas de humedad, somnolencias, v\u00f3mitos y otros aquejamientos; en suma, un programa atractivo solo para unos ne\u00f3fitos a los que un amigo asegur\u00f3 que era divertido y que desconoc\u00edan las realidades de a bordo en un peque\u00f1o velero.<br>Mientras hac\u00eda el transporte del barco al puerto de largada, mis pensamientos pod\u00edan cambiar de rumbo a gusto y necesidad, ora si los spinnakers est\u00e1n preparados, ora si bajamos todo lo sobrante y las dudas de siempre: \u00bftendremos alguna vez la tripulaci\u00f3n completa?, \u00bfhabr\u00e1 conseguido el armador invitar a ese amigo del club que se ofreci\u00f3 a \u00faltimo hora?&nbsp;<strong>Conseguir tripulantes experimentados siempre ha sido una \u00e1rdua tarea.<\/strong><br>La duda metaf\u00edsica es si navegar con desconocidos diestros en la maniobra pero indiferentes o con nuestros amigos, que inexplicablemente a pesar del tiempo que llevamos navegando juntos, jam\u00e1s logran izar el spinnaker sin hacer un ocho.<strong>&nbsp;Estoy seguro de que Crist\u00f3bal Colon, notable estratega, eligi\u00f3 a los hermanos Pinz\u00f3n por sus capacidades n\u00e1uticas m\u00e1s que por sus conocidas habilidades para contar cuentos de loros<\/strong>, aprendidos en sus incursiones por las costas africanas.<br>A\u00fan sabiendo esto de memoria, tengo una enfermiza tendencia a invitar a Adolfo, que tiene un 82% de posibilidades de marearse antes de la primera hora de regata pero a su favor tiene un archivo inagotable de historias de se\u00f1oras casadas. Sabemos que inventa y repite, pero no nos importa porque as\u00ed las mejora. O a Ismael, que&nbsp;<strong>desaprende alguna que otra maniobra a cada regata pero trae postres \u00e1rabes<\/strong>&nbsp;de nombres irreproducibles pero riqu\u00edsimos.<br>En esa \u00e9poca, la elecci\u00f3n de tripulantes estaba fuera de nuestro control. La escasez era tan grande que normalmente nuestra expresi\u00f3n final despu\u00e9s de una arriada, con las velas por el agua, era: &nbsp;\u00abEs lo que hay\u00bb. En l\u00edneas generales manej\u00e1bamos un grupo consolidado, que llam\u00e1bamos<strong>&nbsp;el elenco estable<\/strong>, combinado con otro m\u00f3vil que designamos \u00abartistas invitados\u00bb. Esta regata no era la excepci\u00f3n. Cuando llegamos a puerto subieron a bordo los tripulantes del grupo de artistas invitados, que se metieron dentro de la cabina con la delicadeza de una manada de \u00f1us cruzando un r\u00edo en las praderas del Serenguetti. Hab\u00eda se\u00f1ores de chaqueta y corbata con cara de ir al banco con bolsos monstruosos.<strong>&nbsp;\u00cdbamos a correr una regata de un d\u00eda pero estos personajes tra\u00edan un equipo como para toda una campa\u00f1a ant\u00e1rtica.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Tengo una enfermiza tendencia a invitar a Adolfo, que tiene un 82% de posibilidades de marearse antes de la primera hora.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>En esta regata los artistas invitados eran mayor\u00eda, de manera que ten\u00edamos que manejar el liderazgo con inteligencia o correr el riesgo de un mot\u00edn.<br>Jaime, mi navegador de confianza, me miraba inquisitivo como diciendo: \u00ab\u00bfY estos de d\u00f3nde salieron?\u00bb Pero ah\u00ed est\u00e1bamos, ca\u00f1onazo, largada y a aprovechar el resto del viento portante de la tarde. Lo incre\u00edble es que todav\u00eda hab\u00eda algunos que se estaban cambiando, preguntando a los de afuera, si sal\u00edan con ropa de agua o ch\u00e1ndal.<br>A medida que la ciudad fue quedando atr\u00e1s, el viento se fue cerrando y me di cuenta con Jaime de que nuestras decisiones t\u00e1cticas eran recibidas por comentarios en voz baja, murmullos e interjecciones por los que adrizaban en barlovento y las \u00f3rdenes m\u00e1s sencillas eran respondidas con frases del siguiente tenor: \u00abSi ustedes dicen, pero miren que los de barlovento siguen en el otro bordo\u00bb.<br>Nuestras solicitudes de informaci\u00f3n sobre accidentes en la costa, rachas de viento o maniobras de nuestros competidores eran contestadas por los rebeldes en forma contradictoria.<strong>&nbsp;No hubo m\u00e1s remedio que apelar a decretos del poder ejecutivo para virar<\/strong>. Adem\u00e1s, mi p\u00e9sima y degradante costumbre de llamar Gervasio a todos los tripulantes que no conoc\u00eda o que no llegaba a reconocer en la oscuridad, no ayudaron a suavizar la tensi\u00f3n a bordo.<br>Era noche cerrada y de las que no se ve nada, no se pod\u00eda escuchar qui\u00e9n era qui\u00e9n, ni ver qui\u00e9n dec\u00eda qu\u00e9. Entonces, desde la oscuridad de la cabina, una voz anunci\u00f3 que ten\u00edamos una inundaci\u00f3n en progreso.&nbsp;<strong>\u00abSale del inodoro, que asco, creo que fue ese que no cerr\u00f3 la esclusa\u00bb<\/strong>, dijo otra voz chillona desde las sombras.<br>Dile a \u00abese\u00bb que encienda la bomba de emergencia, les contest\u00e9, desagota en la pileta de la cocina para tener m\u00e1s volumen. Despu\u00e9s de unos minutos de achique, \u00abcontrol de da\u00f1os\u00bb inform\u00f3 que se cancelaba la cena pues el legendario pastel de esp\u00e1rragos preparado por mi suegra, ancestral receta antimareo de los pescadores de cangrejos del mar de Bering, flotaba en la pileta mezclada con pieles de pl\u00e1tano y otros elementos en una salsa inmunda.&nbsp;<strong>Confirmando el teorema \u00absinergia de las cat\u00e1strofes\u00bb que dice que \u00e9stas se potencian a bordo unas con otras hasta el infinito<\/strong>, se inici\u00f3 una serie de desastres que finalizaron con una acostada de varios minutos en la cual una ola nos pas\u00f3 por encima y moj\u00f3 el tablero,<strong>&nbsp;no ten\u00edamos ni luz, ni instrumentos, ni cena, ni idea de donde est\u00e1bamos<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Se metieron dentro de la cabina con la delicadeza de una manada de \u00f1us cruzando un r\u00edo en las praderas del Serenguetti<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>No creo en fabulas marinas, brujas y dem\u00e1s monstruos, creo en la preparaci\u00f3n del barco y entrenamiento de la tripulaci\u00f3n. La mala suerte no entraba en nuestro cat\u00e1logo; si algo fallaba, era porque no hab\u00eda sido previsto y eso era mi responsabilidad. Sin embargo,&nbsp;<strong>ante lo que nos estaba pasando, las maldiciones del jinete sin cabeza y el holand\u00e9s errante eran una simpleza.<\/strong><br>\u00abEse\u00bb, el tripulante misterioso, se hab\u00eda movido siempre en la oscuridad de la cabina, achicando y pasando sacos de velas a barlovento. Impecablemente vestido de blanco, no me imagino c\u00f3mo se las hab\u00eda ingeniado para todav\u00eda no haber salido a mojarse a cubierta. Como el viento segu\u00eda apretando, agotadas las posibilidades de rizos y navegando ya con el G#3, no ten\u00edamos otro recurso que ir al foque.<br>Una idea perversa comenz\u00f3 a rondarme hasta que no pude m\u00e1s y le espet\u00e9 al que ten\u00eda al lado:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>-Dile a ese que est\u00e1 adentro que vaya a envergar el foque.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>-Quien yo -se escuch\u00f3 desde la oscuridad.<\/p>\n\n\n\n<p>-S\u00ed,&nbsp;el de blanco -le orden\u00e9 secamente, todo un alarde, teniendo en cuenta los 100% de humedad ambiente.<br>Enfundados en los trajes de agua, no se ve\u00eda quien estaba adentro, por lo que reconoc\u00eda mejor las voces que las caras. Gervasio 1, en el winche, Gervasio 2, a palear la driza al m\u00e1stil y \u00abese\u00bb, el sexto pasajero, a la proa. S\u00f3lo se escuchaban gritos, que deformados por el viento, parec\u00edan de dolor. Despu\u00e9s de algunos minutos de alaridos, hice un horrible descubrimiento:<strong>&nbsp;un l\u00edquido rojo corr\u00eda por cubierta desde la proa hacia la ba\u00f1era<\/strong>. Cada ola la limpiaba en parte, pero al cabo de algunos segundos, al volver a alumbrar con la linterna, otra vez la cubierta se te\u00f1\u00eda de rojo.<br>Me invadi\u00f3 una culpa terrible, hab\u00eda mandado a proa a un absoluto inexperto. Tal vez con el cabeceo se habr\u00eda apretado las partes contra la cornamusa de proa o arrugado el coxis contra el tang\u00f3n. Yo estaba absolutamente desconcertado porque a pesar de los gritos y con la cubierta te\u00f1ida de rojo, la maniobra se fue completando lenta pero segura y el barco ya navegaba con una escora adecuada.<br>Todos fueron volviendo trabajosamente de la proa.&nbsp;Antes de que yo pudiera abrir la boca para saber qu\u00e9 hab\u00eda pasado,&nbsp;alguien empez\u00f3 a gritar<\/p>\n\n\n\n<p>-Ezequiel, por favor, c\u00e1mbiate las zapatillas, est\u00e1s ensuciando todo el barco con tierra batida.<\/p>\n\n\n\n<p>La realidad fue infinitamente peor que la m\u00e1s horrenda de mis pesadillas:&nbsp;ten\u00edamos un tenista a bordo.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un \u00abthriller n\u00e1utico\u00bb tras el que el autor prometi\u00f3 no hacer m\u00e1s regatas con tripulantes desconocidos<\/p>","protected":false},"author":2,"featured_media":553,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-552","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categoria-es"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/incidencepalma.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/552","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/incidencepalma.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/incidencepalma.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/incidencepalma.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/incidencepalma.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=552"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/incidencepalma.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/552\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":554,"href":"https:\/\/incidencepalma.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/552\/revisions\/554"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/incidencepalma.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/553"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/incidencepalma.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=552"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/incidencepalma.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=552"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/incidencepalma.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=552"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}